LA HISTORIA DE PAULA

por Ramón Hernàndez,

Este es el testimonio de los padres de Paula, nuestra heroína de Navaluenga (explicada por sus padres):

Saludos a todos y todas: Me presento, soy Gonzalo Correa, trabajo en Navaluenga (Ávila) desde hace ya 6 años. Unos meses antes de llegar a esta población, me case con la mujer de mi vida, Montserrat Ballega, con ella, llevaba ya varios años de noviazgo, por lo que desde que nos dimos el “si quiero”, sabía que sería el pilar que necesitaba en mi vida.

Como es lógico, empezamos a buscar la pieza que nos faltaba, un bebe. Al cabo de los años, exactamente el 31 de enero de 2009, se presentó a este mundo Paula, una niña guapísima, pequeñita y no demasiado llorona. Nuestro tesoro crecía con normalidad, rodeada del mayor amor que se le puede ofrecer a un ser vivo tan pequeñito, el amor de unos padres.

Unos meses después (aproximadamente a los 5 o 6 meses), pudimos ver que su brazo izquierdo no lo movía prácticamente nada y empezamos a ver que le pasaba, primero con la pediatra y después con otros médicos recomendados por esta, para ver el motivo de esa inactividad. Al llegar al neurólogo, perteneciente al Hospital Quirón de Madrid, nos dio la noticia que no queríamos tener. Paula había tenido un derrame cerebral en el embarazo, por lo que teníamos que realizarla un montón de pruebas para ver su alcance.

Después de ecos, análisis, resonancias magnéticas, electros y demás, se pudo ver que el derrame era de nada menos que el 30% de su lado derecho. Como resultado de ese derrame, tenía una hemiparesia izquierda. Como creo que nos habrá pasado a todos, el mundo se te viene encima, te encuentras que no sabes qué hacer ni cómo actuar. Tuvimos el apoyo incondicional de nuestras familias. Teníamos que hacer algo y deprisa.

El neurólogo nos dio las primeras pautas para empezar a trabajar con ella, pero a su vez, nos decía que según su opinión, seguramente no andaría, no movería mucho la mano e incluso tendría muchos problemas para hablar. Es más, nos derivó a otros especialistas, para ver vista, oído y nos citaba prácticamente cada tres meses para hacerla más pruebas y ver su evolución.

Mi mujer y mi hija, se fueron a vivir a casa de mis padres a Madrid, para tener todo más a mano. La pequeña Paula, estaba más en hospitales que en ningún otro lado. La fisioterapia (estimulación precoz) la iniciamos en el Hospital San Rafael, después de encontrar un hueco en sus servicios. Las manos de Elena (grandísima trabajadora), empezaron a darle impulso a su lado izquierdo y Paula de forma instintiva, empezó a gatear, moviendo poco a poco su bracito y sobre todo la pierna.

Cada pequeño avance, era un estímulo enorme para sus padres y resto de familiares. Conseguía hablar y no sin esfuerzo, empezó a andar.

Yo pude pedir un cambio temporal en mi trabajo, por lo que durante unos meses, vivimos en casa de mis padres, con la habitación como reducto familiar propio, pero con la fortuna de contar con el apoyo de toda la familia. Adaptamos un pequeño espacio de la casa de mis padres, como de nuestra casa, como “zona de juegos” adaptada a sus necesidades.

Paula fue mejorando a pasos agigantados, más bien milagrosos, porque el neurólogo y la fisioterapeuta veían en ella, avances increíbles y muchas veces, no correspondientes a su estado neuronal. De vez en cuando nos metían un nuevo batacazo, como cuando en uno de los electroencefalogramas salió un posible brote de epilepsia. Pero en las siguientes pruebas veíamos que no aumentaba.

Otros médicos especialistas empezaron a llevar a la pequeña, entre ellos un traumatólogo, que junto con el neurólogo (principal médico de Paula), nos mandaban órtesis para una mejor función de su pierna y pie izquierdo. Pasaban los años y las pruebas y revisiones se fueron distanciando, siendo ahora de 6 meses a un año, según los médicos.

Ahora nuestra pequeña princesa cuenta con 5 añitos recién cumplidos. Se ha sumado a sus actividades escolares y extraescolares dos logopedas, siendo de mucha ayuda, ya que su habla está mejorando a pasos agigantados. A parte, es una niña extraordinariamente lista, se queda con todo y lo recuerda sin problemas.

Pese a las pérdidas de días de clase (por las pruebas y médicos), va a la par que sus compañeros, en una clase normal del Colegio de Navaluenga. Corre, mueve su mano (no sin dificultad), integrándola en su quehacer diario. Su vista es buena, su oído está normal y es un terremoto que no para quieta.

Puede comer sola, se quita el abrigo sola, se baja el pantaloncito y su braguita sola para hacer sus necesidades, aunque después se la tiene que ayudar a volver a subírselo. Es lo más independiente posible y mucho más de lo que esperaban los médicos, por lo que estamos muy orgullosos de ella.

Pues esta es la historia de mi pequeña Paula, de nuestra odisea para darle lo mejor que disponemos para su recuperación y del amor que tenemos hacia nuestra princesa. Ahora, después de conoceros, de ver la energía que tenéis para ayudar a los demás, a los que están pasando por lo que hemos pasado nosotros, esos momentos en el que no se veía salida, ni futuro, puedo deciros a ciencia cierta que ese futuro es posible, que mucho tendríamos que aprender de su fuerza, de su coraje y su ganas de superación diarias. Contar con mi familia para lo que os interese y necesitéis. Los primeros pasos son lentos, pero todos sabemos (gracias a nuestros pequeños), que esos pasos llegan y se rebasan. Un fuerte abrazo a todos. Gonzalo Correa- Navaluenga, Ávila, a 11 de febrero de 2014.

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